La industria española, clave en el desarrollo de Noruega

Catarina Valiente

EXPANSIÓN

El país nórdico necesita la experiencia de las empresas españolas para construir infraestructuras, como el tren de alta velocidad (AVE), y modernizar los edificios residenciales y comerciales

Saneada, fuerte y atractiva. Así es la economía de Noruega, que en los últimos años se ha mantenido a salvo de la crisis económica por su moderada gestión de los recursos naturales, como el petróleo, el gas y los minerales.

Con un consumo interno estable, el buen desarrollo de actividades en sectores como la construcción y los planes de inversión en infraestructuras, el país nórdico ofrece importantes oportunidades de negocio a las empresas españolas. De hecho, compañías como Acciona, Indra, Santander, Repsol o Inditex, entre otras, ya están instaladas allí. Esto le abre también las puertas a las organizaciones más pequeñas que fabrican material y maquinaria o prestan servicios en los sectores de gas natural y petróleo, marítimo, energías renovables, telecomunicaciones y medio ambiente.

Noruega necesita de la industria española para cumplir con sus objetivos: pasar de una economía fósil a una verde, modernizar sus infraestructuras de transporte y la construcción residencial y comercial. En concreto, el Ejecutivo liderado por Erna Solberg pretende desarrollar un tren de alta velocidad, que conecte Oslo con las ciudades más importantes del país, construir y mejorar nuevas carreteras y actualizar las centrales hidroeléctricas.

Las pymes españolas pueden aprovechar la escasez de la mano de obra -la tasa de desempleo no alcanza el 5%- en el mercado local para implantarse como subcontratistas o proveedores de empresas de gran tamaño.

Además, Noruega es el noveno país donde es más fácil hacer negocios, según un ránking de 189 estados del Banco Mundial. Por ejemplo, no existe una norma específica que regule la inversión extranjera y no hay que pedir ningún tipo de concesión para adquirir terrenos y edificios.

El procedimiento para establecerse en este Estado monárquico es muy simple: el directivo de una pequeña empresa no necesita un socio local, pero si el administrador no es ciudadano de la UE, se exige que un 50% de los accionistas sean residentes en Noruega o en el Espacio Económico Europeo. Para la constitución de la sociedad hay que depositar primero el capital social mínimo (13.000 euros) en una cuenta bancaria, que será examinada por un auditor certificado. Después es preciso inscribir la compañía en el Registro de Empresas Comercial. El trámite tarda unos diez días.

En materia fiscal no hay incentivos significativos, salvo en las regiones menos pobladas del país, como en Svalberd donde las contribuciones a la Seguridad Social son más bajas y el IVA es de un 0%.

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