La innovación de la empresa y de la gente corriente

Gumersindo Ruiz

MÁLAGA HOY

La semana pasada vinieron los Reyes a Andalucía, a entregar los premios nacionales de Diseño e Innovación; del acto queda la frase del Rey animando a mantener una "tensión innovadora", y las quejas generales sobre el escaso interés público que recibe la innovación. Por su parte, la presidenta de la Junta de Andalucía mostró su intención de apoyar iniciativas de investigación y desarrollo que están resultando provechosas. Sin embargo, la innovación sigue siendo algo que parece obligado mencionar y alentar, pero difícil de concretar en la práctica.

Esta dimensión práctica la dio el foro o encuentro de trabajo, organizado por este periódico, sobre La innovación, un valor diferencial en el sector de la distribución, referido principalmente al sector alimentario. Allí se vio cómo la innovación se hace sobre productos; procesos de producción, en lo que podríamos llamar innovación en ingeniería y mecánica; y comercialización. Los tres juntos forman un modelo de negocio donde se innova para el consumidor, con la tendencia que marca la regulación de los productos, y el papel de las redes sociales, integrados en una nueva sociología del consumo. Lo que transmitieron las empresas andaluzas presentes en el encuentro son dos cosas; una, que hay que mirar el valor que la innovación añade al balance de la empresa; y otra, el papel del espacio local como fuente de innovación. Desde este espacio, cada empresa interactúa con otras, se crea e incorpora tecnología, prácticas y procesos, dando lugar a una geografía de la innovación que debería poder identificarse con espacios concretos en Andalucía.

Para mí, el mejor indicador final de innovación es la comercialización de productos, más que datos sobre gasto en investigación, o patentes, pues está claro que ambos resultan imprescindibles, pero no son suficiente si no se trasladan a la venta. Y no podemos dejar atrás el diseño, que da cuerpo a la estrategia de negocio empresarial, y también revela a la sociedad formas de vida con un sentido estético. La psicología de la creatividad se une así a los atributos de la innovación.

El título del libro de Peter Swann Innovación corriente. Como entre todos creamos la riqueza, es de por sí una reflexión amplia y profunda sobre la innovación. Nos recuerda que hay una innovación destructiva, que enriquece a unos pocos, cuyos beneficios sociales no son evidentes, y que puede acabar con millones de puestos de trabajos sustituyéndolos por un número reducido de empleos bien remunerados, y un número mayor de empleos marginales; lo ocurrido con los libros y publicaciones es un ejemplo. También hay portentosas innovaciones en internet y los soportes portátiles, teléfonos, tabletas, con una gran utilidad, pero sesgados hacia el entretenimiento y no a la formación, como se comprueba en el hecho de que no mejoran por sí la capacidad de aprender de los niños. Por eso, junto a las grandes multinacionales, contrapone Swann las cotidianas que impulsan las empresas, y frente a la innovación como una "perenne galerna de destrucción creativa", destaca las pequeñas innovaciones corrientes, como una "brisa benigna y gentil" en nuestras vidas.

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